Geotecnia de Calidad

domingo, 5 de octubre de 2014

...Y COLÓN SE HARTÓ DE TANTO TURISTA. GEOLOGÍA DEL PUERTO DE BARCELONA.



Llegó un día que Colón no veía el mar. Por más que lo buscaba no lo encontraba, ni poniéndose de puntillas sobre su atalaya al final de las Ramblas. Ahora, su sucio dedo de bronce tan sólo apuntaba… a una nueva terminal de cruceros. El Puerto de Barcelona había muerto de éxito, y los ricos turistas desembarcados de lujosos cruceros, se quejaban de los atascos que producían sus propios autocares al intentar llegar a la ciudad. Eso sí, todos volvían contentos, con su sombrero mejicano, su móvil lleno de fotos de otros turistas paseando por las Ramblas con un zumo de frutas de la Boqueria, y convencidos de que Gaudí era un tipo muy flamenco.

El dedo de Colón antes de unirse a su propietario, en 1.877
Espero que pueda evitarse la culminación de este desastre, pero para ello habrá que actuar urgentemente, con criterio y sensibilidad, pues queda poco tiempo. Valorar: ¿Qué turismo queremos? Planificar: ¿Cómo conservamos la personalidad de la ciudad?, y Gestionar: compatibilizar inteligentemente los intereses de los ciudadanos y los de sus visitantes. Ah! Y no vender las tiendas al mejor postor, protegiendo el comercio tradicional…, que a su vez también debería ponerse las pilas.

Llegados a este punto, mi esposa  Olga Farràs propone el siguiente plan, que yo suscribo, de recuperación de la añorada Rambla: favorecer que el Paseo acoja centros culturales, museos y otros puntos de interés ciudadano, así como universidades y centros de investigación.
Legislar unas distancias mínimas entre tiendas de souvenirs, y que éstos sean de calidad, de la ciudad y del territorio. Disminuir (casi eliminar) las estatuas humanas: cuando nací, muy cerca de la Rambla, no había ninguna. Aumentar la limpieza. Instalar más bancos y sillas gratuitas para descansar y practicar el noble vicio de mirar a la gente (criticarla es opcional). 
 
Canaletas en Navidad
Divulgar entre los visitantes otros puntos de interés de la ciudad. Prohibir los anuncios que sobresalgan de las fachadas, especialmente los cucuruchos de helados y los reclamos de paellas. Eliminar las casetas de venta de refrescos del centro del Paseo. Conservar los quioscos y las floristas. Disminuir aún más el tráfico privado, reservándolo sólo para los vecinos. 
Convencer al extranjero –y al indígena- que Barcelona es una ciudad culta, elegante, trendy y cool, y que uno debe vestir como tal. Conservar y rehabilitar las fachadas tradicionales. Evitar abrir locales repetitivos: no tiene por qué haber la misma tienda de ropa cada 50 metros. Mantener la moratoria de apertura de nuevos hoteles y restaurantes, especialmente los de comida rápida. Favorecer los locales tradicionales, como casa Beethoven, Arpi o el Café de la Ópera, entre otros, donde uno pueda ser atendido primero en catalán o castellano. Finalmente, intentar que los ciudadanos puedan volver a comprar en la Boqueria y que ésta no sea sólo jugolandia.
 
Cruceros en el Puerto. Montjuïc y el acantilado del Morrot a la izquierda.
El caso es que la expansión del puerto de Barcelona está siendo espectacular. Una adecuada gestión comercial, económica y turística, la sinergia creada por los distintos estamentos, y una visión de futuro acertada, ha permitido un crecimiento continuado. Y yo que me alegro, pues ello me ha permitido capear en parte la crisis, con los sucesivos reconocimientos geológicos que he podido llevar a cabo. ¡Gracias, pero no nos pasemos!

Perforando sondeos y ensayos CPTU en el Dique Este.
Y eso que al principio no había puerto, y las naves romanas quedaban a merced de los temporales. Entonces debían buscar lejano refugio, al otro lado de Montjuïc, donde el avance del delta del Llobregat aún dejaba una bahía resguardada, predecesora de l’Estany del Port, frente al actual Paseo de la Zona Franca, ensenada ya utilizada por los íberos, pero que sería colmatada rápidamente por arenas.

Cuando se levantaron las segundas murallas de la Bàrcino romana, en el siglo III d.C., siguiendo el relieve de rocas miocenas del Mont Tàber, las aguas salpicaban directamente la Torre Rodona, en la actual Plaça dels Traginers, como lo demuestran los alvéolos por disolución salina causados a los bloques de arenisca del muro. Los apenas 4.000 habitantes de la ciudad tenían la playa a tocar. De la mar sacaban ricas ostras, famosas en todo el imperio, y también salsa de garum, elaborada con pescado fermentado. 

Alveolos de disolución salina en la Torre Rodona. Plaça dels Traginers.
Y es que la línea de costa no ha sido nunca estática. Poco antes de finalizar la última glaciación, hace unos 18.000 años, el nivel del mar se situaba 100 m más abajo: el agua estaba congelada en los polos.
Luego el mar ascendió durante el Holoceno, rápidamente al principio, lentamente después. Incluso hace unos 4.300 años, en una fase más cálida que la presente, el mar se elevó algo por encima de su posición actual. En Barcelona ello queda reflejado por la presencia de arenas de playa a la cota +2.0 m, en la plaça de l’Àngel, calle Sant Pau, o en C/ Princesa, entre otros.

La evolución del frente marítimo en Barcelona durante los últimos miles de años, está marcada por la génesis de barras de arena, transportadas por la corriente marina que procede del noreste, y alimentadas por los aportes deltaicos del Besós y las rieras del Maresme. Estos cordones arenosos paralelos a la costa delimitaban a veces lagunas interiores, como la del Cagalell, entre Montjuïc i el Tàber, o las de la Llavinera, Llantana o la Llacuna, en dirección al Poble Nou.

Situación del Cagalell, Mont Taber e Illa de Maians.
Bajo la estatua de Colón, en dirección a Sta. María del Mar se depositó uno de estos cordones arenosos, que al oeste encerraba el estany del Cagalell. A lo largo de esta playa se han encontrado enterramientos romanos.

En la Llavinera, cerca de donde ahora está el Passeig del Born, las aguas poco profundas y pantanosas ofrecían un precario resguardo en los tiempos tardo-romanos, y hasta fueron aprovechadas como puerto en la baja edad media, cuando Jaume I construyó un pequeño abrigo. Los aportes de la riera del Merdançà -de evocativo nombre- pronto volvieron las cenagosas aguas en un lodazal pestilente, que he tenido el placer de sondear. Sin embargo, nunca he perforado arcillas grises orgánicas en la zona de la Llacuna. Sí en cambio en Can Ricart, más al norte.

Al este del Mont Taber se situaba un pequeño promontorio: el Puig de les Falzies, quizás un afloramiento de arenas miocenas, ahora soterrado bajo el edificio de la Llotja, en el Pla de Palau. A poca distancia, al sur de la estación de Francia, una barra arenosa formaría después la illa de Maians, denominada así en recuerdo de un ibicenco medieval que amarraba en ella sus barcas, fuera de tierra firme, ya que así no pagaba tributo a la ciudad. Maians fue un precursor de nuestros muy honorables corruptos. Curioso país éste, donde el defraudador puede ser el héroe, y donde el simple trabajador no dejará nunca de ser un pringado.

Yo debo ser de estos últimos, un pobre mindundi sin importancia al que nadie ha querido sobornar y que nunca ha ofrecido una comisión a cambio de adjudicarse un trabajo. Los corruptos en este país son verdaderos profesionales e involucran millones. Por un puñado de euros todos somos muy honrados.


Cerca de Maians, durante la excavación de un parking en 2.008 se descubrieron a 6.0 m de profundidad, los restos de una nave de procedencia atlántica –el claveteado de la quilla así lo indica- que se hundió en esta zona alrededor del siglo XIV. El hallazgo demuestra la conexión comercial Mediterráneo-Atlántico.

Pecio del siglo XIV encontrado en la Barceloneta, junto a la Illa de Maians (Estació de França al fondo)
 
La unión entre la ciudad y Maians en 1.477 mediante un espigón, supuso el origen del actual puerto: el moll de la Santa Creu. La progresiva construcción dos siglos antes de les Reials Drassanes, al otro lado de la playa, había dado valor a la flota de la Corona de Aragón, que suspiraba por un puerto como Dios manda. 

Diversas prolongaciones crearon el dique del este, y así en 1.772 se construyó el primer faro moderno: la Llanterna.  Al mismo tiempo, las arenas litorales se acumulaban frente al dique, lo que hizo ganar tierra a la ciudad: la Barceloneta, edificada en 1.754 en parte para albergar a las familias que se habían quedado sin vivienda tras la derrota de 1.714. En 1.904 el faro pasó a ser reloj, la Torre del Rellotge, punto de referencia del port Vell y de una Barceloneta asediada por la especulación de los pisos turísticos, que no traen sino turismo de fiesta y alcohol (sexo no debe haber porque están demasiado bebidos). 


Faro de la Llanterna, ahora Torre del Rellotge, en el Port Vell

 El Port de Barcelona se sitúa al pie de la falla del Morrot. Esta falla es la responsable del inestable acantilado marino de Montjuïc, y hunde los sedimentos miocenos bajo las aguas del Mediterráneo, en la denominada fosa o semigraben de Barcelona. Recientemente he podido sondear junto al edificio de oficinas de TCB, al pie de la montaña. Bajo los rellenos y arenas holocenas se ha perforado el mioceno, y hacia los 30 m de profundidad hemos atravesado las margas azules de la Formación Miramar, que en Montjuïc se sitúan a una altura de 170 m. El salto de la falla sería pues cercano a 200 m en esta zona.

Las margas de Miramar, en el bloque hundido de la falla del Morrot
Esta falla sigue su trazado paralelo a la costa, hacia el NE, de manera que en el bloque levantado quedan no sólo el mioceno Mont Taber, sino también el ya citado Puig de les Falzies, o el también desaparecido turó dels Ollers, cerca de la plaza Medinaceli, de donde se extraían arcillas amarillentas. 

En el bloque elevado de la falla, y en la base del Mioceno de este sector se detecta directamente el substrato Paleozoico, formado en este tramo por filitas, posiblemente Cambro-Ordovícicas. Estas filitas las he perforado bajo la nueva terminal de Grimaldi, en el antiguo muelle Costa. También Geopayma perforó las filitas en el estribo ciudad del Puente de Porta Europa, que cruza el puerto.

Filitas alteradas grises, bajo las aguas del Puerto, en el labio elevado de la falla del Morrot.
La falla del Morrot no es sino la precursora de la gran falla de Barcelona, situada a unos 3-4 km de la costa y paralela a ésta, y que con un salto de 4 km configura la parte occidental de este sector del Mediterráneo.

Bajo las aguas del puerto se encuentra una pequeña capa de lodos, y enseguida arenas de grano fino a medio, de composición silícea y edad holocena. A medida que nos alejamos de la costa y avanzamos hacia el sur, bajo estas arenas se encuentran arcillas limosas grises, comparativamente blandas y compresibles, y que aumentan de espesor y llegan a tener más de 40 m de potencia frente a la desembocadura del Llobregat, donde se construye el muelle Prat. Estas arcillas son el equivalente marino de la cuña deltaica del Llobregat, y por debajo se sitúan arenas densas.

Hotel Vela
El Hotel Vela, por ejemplo, está cimentado mediante 518 pilotes hincados de unos 45 m de longitud, que atraviesan las arenas superiores, las arcillas blandas y se empotran en las arenas densas profundas. Son 23.3 kilómetros de pilote: magnífico negocio para quien lo hizo.

Las arcillas mencionadas afloran directamente en el fondo marino al alejarnos de la costa y dirigirnos hacia el sur. Ello tiene importantes repercusiones geotécnicas, por cuanto las obras de ampliación del puerto reposan sobre ellas, sin el colchón de arenas superiores. Es lo que sucede en la prolongación del Dique Este y el Muelle Prat, cuyos rellenos tienen algo más de 20 m de espesor.

Estas arcillas tienen una baja capacidad portante y una apreciable compresibilidad. Son arcillas normalmente consolidadas y de plasticidad baja, con una relación cohesión no drenada respecto tensión vertical efectiva de suv’=0.25. El índice de poros es próximo a 1, y el coeficiente de compresibilidad de Cc=0.25.

 
En consecuencia el coeficiente de seguridad, por capacidad portante, de los rellenos portuarios sobre estas arcillas es a veces sólo del orden de F=1.5, y los asientos de estas estructuras pueden superar 1.0 m, persistiendo durante algunos años, ya que la consolidación secundaria no es despreciable.

Para poder construir estas infraestructuras con seguridad se utilizan a menudo precargas del terreno, adecuadamente monitorizadas con piezómetros, extensómetros e inclinómetros, acompañadas a veces con mechas drenantes para acelerar la consolidación.

Precarga del terreno en el Moll Sud
En ocasiones, el relleno se efectúa al abrigo de un recinto formado por cajones de hormigón de grandes dimensiones (50*25*22 m), que son fabricados en tierra, transportados flotando hasta su destino, donde se hunden al rellenarlos con tierras. El espacio delimitado por los cajones puede ser colmatado mediante un relleno hidráulico: se dragan arenas en otras zonas, se transportan si hace falta, y se vierten mediante un chorro de agua y arena. 

Estas arenas hidráulicas pueden ser susceptibles a la licuefacción. Ésta se produce cuando ante una vibración (sísmica, o incluso por oleaje) las arenas sueltas recién depositadas se densifican, lo que tiene como consecuencia un aumento de la presión intersticial del agua, y una anulación de la presión efectiva, con lo que el conjunto se comporta como un líquido, sin capacidad de soporte.

Volcanes de arena por licuefacción de relleno hidráulico. ¡Saca la máquina Paco!
En la noche vieja de 2.007 se produjo un importante incidente geotécnico en el Moll Prat. Coincidiendo con un fuerte temporal con gran oleaje, el relleno hidráulico licuó, y los cajones de hormigón del recinto se desplazaron más de un centenar de metros mar adentro, causando un desastre que retrasó la obra de la nueva Terminal de containers en más de un año, con un coste cercano a los 80 millones de euros.
Rotura de cajones y licuefacción en Moll Prat, 2.007.
 
Claro que eso es igual ya que hasta 2.014, debido al incumplimiento del Gobierno, todavía no se ha licitado la línea férrea que debe sacar los containers del puerto.

El mapa adjunto lo he elaborado en base a los sondeos y ensayos CPTU que hemos realizado en la zona portuaria a lo largo de los años. Es en esencia un mapa geológico, pero puede utilizarse también como un mapa de zonación de riesgos geotécnicos. El menor riesgo se sitúa en las zonas donde bajo el agua existen sedimentos arenosos que no tienen arcillas grises debajo. Es decir cerca de la costa y hacia el norte. En cambio, el mayor riesgo geotécnico de produce hacia el sur y lejos de la costa, cuando confluyen 3 factores desfavorables: mayor lámina de agua, lo que implica mayor altura y peso de los rellenos; ausencia de las arenas superiores, con lo que los rellenos apoyan directamente sobre las arcillas grises; y mayor potencia de estas arcillas, que puede sobrepasar los 40 m.

Mapa geológico de la zona portuaria
Zonación de riesgos geotécnicos en el Puerto de Barcelona

Kirguistan, 2.006

Poco antes de la crisis pude efectuar un viaje con toda mi familia al Kirguistan, ex-república soviética fronteriza con China y el Kazastan. Allí hicimos diversos trekkings por el extremo occidental de las grandes cordilleras centro-asiáticas.

Son las montañas celestes, la mítica cordillera del Tian Shan, más allá de la ruta de la seda.

Sobrevolando un río anastomosado que drena las estepas kirguises, desde las míticas montañas celestes

Después de un trekking de aclimatación en las cercanias de la capital Bishkek, tomamos uno de los cinco helicópteros que quedan en el país, recuerdo de poderíos pasados, y rezando para que el piloto no hubiera bebido demasiado Vodka, felices que nos fuímos al glaciar de Inylchek.

Ninguna traza humana en los solitarios valles glaciares del Tian Shan

Confluencias glaciares. Observar la disminución de hielo de los últimos decenios, a la derecha de la imagen.
 El glaciar de Inylchek tiene cerca de 50 km de longitud, y es uno de los más grandes fuera de las regiones polares.

Glaciar Inylchek norte, con las morrenas centrales producto de sucesivos aportes laterales.
Acampamos a 5.000 m de altura en una morrena lateral del glaciar, al pie del Pobeda (7.439 m), y de la espectacular pirámide del Khan Tengri (7.010 m), una de las montañas más bonitas del planeta.

Con el Pobeda (7.439 m) al fondo.

Paseo familiar al pie del Khan Tengri (7.010 m)
Mi hijo Xavier, 7 años, a 5.000 m. Seguro que una vez adulto se acordará de esta y otras experiencias.
En ruta por Tian Shan
Atardecer bajo el Khan Tengri
Después de las montañas, conocimos la precariedad de un país como el Kirguistan, con pocos recursos económicos o naturales. Sin embargo, la inteligencia no tiene nada que ver con ellos: por si pincha el burro, tenemos repuesto.



sábado, 28 de septiembre de 2013

EXCAVANDO EL MERCADO



No. Esta vez no voy a escribir sobre el mercado financiero. A éste no lo excavaría, sino que lo socavaría, que es diferente, tal como un río en avenida erosiona los cimientos de un puente mal diseñado, hasta que éste se derrumba y es arrastrado por la corriente. Llamadme ingenuo, pero yo sólo entiendo de mercados productivos. Alguien fabrica algo, con esfuerzo, y otro se lo compra porque le interesa, también con esfuerzo. Así entiendo yo la riqueza de un país, la que mana del trabajo y del esfuerzo. 

No me gusta la ingeniería financiera, mover dinero de forma opaca, pagar menos impuestos mediante sociedades ocultas, los paraísos fiscales, hacerse rico sin trabajar (a costa de alguien que va a ser pobre), utilizar información privilegiada al alcance de unos pocos, que además son siempre los mismos. Lo dicho… que venga una gran crecida, pero no de agua, sino humana, y socave el mercado financiero hasta hundirlo en el cieno.
 
Puente en socavación. El Mercado Financiero estaba a la derecha.

Excavar es otra cosa. Implica planificar, dirigir, hacer y controlar. Cuidadosamente. Estos últimos años, el Institut de Mercats Municipals de Barcelona, está llevando a cabo un importante esfuerzo de remodelación de los más de treinta mercados que hay en la ciudad. Empezaron con el de la Concepció y el de Santa Caterina, y ahora mismo están en obras el de Sants, Ninot, y Sant Antoni, por citar los más conocidos. 


Perforación de sondeos en el Mercat de Sant Antoni


No sé cómo lo hace, pero a pesar de la actual crisis, el Ayuntamiento de Barcelona aún tiene reservas económicas, y lo que es mejor: paga en tiempos correctos. Así que gracias Maragall, Clos, Hereu y Trias. No quiero haceros la pelota, pero gracias. Por cierto Trías, piensa en mí si hay que investigar el subsuelo de alguna infraestructura para los Juegos Olímpicos de Invierno, ¡aunque luego éstos no se hagan! Dicen que incluso así  hay beneficios. Además, mi nivel de inglés no está mal según con quién se compare…


He tenido la suerte de poder trabajar en varias de estas remodelaciones: Sants, el parking de la Gardunya en la Boquería, que por cierto se acaba de inaugurar, y últimamente el Mercat de Sant Antoni, en el que ahora me voy a centrar. En varios de estos proyectos, se prevé excavar sótanos para superficies comerciales y aparcamiento, bajo el edificio tradicional, manteniendo este último sin derribar, lo que de entrada se antoja interesante y complejo.

Sant Antoni, un siglo atrás

Sant Antoni fue el primer mercado construido fuera de las murallas, en 1882, junto al antiguo portal del mismo nombre. Es además el que ocupa una mayor superficie: toda una manzana del Eixample. Fue construido por la Maquinista Terrestre y Marítima, con una estructura de hierro fundido, pionera en aquella época.

 
La postal dice que es el Portal de Sant Antoni, pero es el de Santa Madrona. Gracias Irineu por advertirlo.

La infancia me liga a Sant Antoni, no en vano mi madre y mi tía preferida (tengo otra que es muy “chic”, pues es francesa, pero la veo poco) tenían un puesto de venta de carne en él. Las paradas nº 164 y 165, a las que iba de pequeño los sábados por la mañana. 

Mi madre (centro) en Sant Antoni, a finales de los 50's.

Ahí se desarrolló mi primer trauma infantil. Ver colgando a los despellejados y sanguinolentos conejos, con aquellos ojos descarnados cual zombis boca abajo, provocaron en mí un asco absoluto a este manjar, que aún perdura. El segundo era entrar en las cámaras frigoríficas y ver en la misma posición a las terneras. En mis pesadillas me veía encerrado con ellas, colgando de los garfios, a 20ºC bajo cero…

Audrey Hepburn en Els Encants de Sant Antoni (foto de Esteban Ono)


Sant Antoni no era un mercado convencional. En los porches exteriores se vendía ropa, que era sustituida los domingos por el mercado dominical: sellos, monedas, colecciones de cromos, libros de segunda mano, discos de vinilo…Todos los críos del barrio haciendo relaciones sociales en una marabunta humana aparentemente sin orden, pero dónde todos sabíamos a lo que íbamos, y en la que las cabezas de los vendedores apenas asomaban entre un caos de mercancías.
Proto-pijo vacilón de 1.955. Después trabajó de bróker cocainómano en la City.

 Este mercado dominical fue anteriormente el de Bellcaire, de origen incierto, pero ubicado por un tiempo en el Paralelo, y establecido definitivamente en Sant Antoni en 1.936.

Lector aventajado
 El actual proyecto de Sant Antoni, obra de Ravetllat & Ribas, arquitectos, plantea excavar 4 sótanos bajo el antiguo edificio. El primer sótano estará ocupado por Mercadona, que financia parcialmente la obra. Para no hacer competencia a las paradas tradicionales, esta empresa no podrá vender producto fresco. Otro sótano estará destinado a la descarga de camiones, y los dos restantes a aparcamiento para los clientes.


La altura a excavar es de unos 15 m, de los cuales los cinco últimos se emplazarán bajo el nivel de las aguas freáticas, que se sitúa a unos 10 m bajo la calle. Excavar sótanos en el freático es complicado, pero hacerlo manteniendo un antiguo edificio encima todavía lo es más.


Generalmente se hace un recalce de cada cimentación original, mediante varios micropilotes bajo cada zapata, que profundizan por debajo de la futura cota de excavación. Se trata de perforaciones circulares de alrededor de 20 cm de diámetro, en las que se introduce un tubular de acero de unos 12 cm que posteriormente es inyectado con cemento. Los micropilotes sirven de prolongación en profundidad de los pilares de la estructura, de manera que una vez hechos, puede empezar la excavación bajo el edificio, sin que este se desplome.


Este tipo de trabajo es espectacular, ya que llega un momento en que, con los sótanos ya excavados, el edificio antiguo queda suspendido en el aire por los esbeltos grupos de micropilotes.

El Mercat de Sants, con los sótanos ya excavados, sustentado por micropilotes arriostrados


En el caso de Sant Antoni, la complejidad es aún mayor, ya que parte de los sótanos va a excavarse bajo las aguas freáticas.


Como es evidente, el siempre imprescindible estudio geológico del terreno, es ahora determinante. En nuestro caso, y dadas las dificultades hidrogeológicas que se planteaban, perforamos sondeos de 60 m de profundidad. Siempre he pensado que cuanto más profundos sean los sondeos geotécnicos, mejor, ya que así se favorece la comprensión de la geología de la zona. Claro que mi factura también sale más cara.


El subsuelo de Sant Antoni está formado por tres unidades esenciales. La primera y más superficial está constituida por un relleno antrópico, producto de la evolución histórica de la ciudad. Los núcleos urbanos se edifican a menudo sobre los restos de edificaciones más antiguas, que son derribadas, pero no eliminadas del todo, de manera que la ciudad crece hacia arriba, ganando cota. Muchas veces, entre los restos de los sucesivos derribos, se vierten tierras, o desechos, lo que contribuye al proceso.


En Sant Antoni, en la base del relleno, o incluso mezclado con él, se detectan las arenas y gravas sedimentadas por la antigua riera de Magòria, que bajaba por la actual Avda. Mistral, y que en su momento fue desviada por las murallas medievales. Son los sedimentos litoantrópicos inducidos, definidos hace unos años por Oriol Riba.

Gravas y arenas de pizarra, de la antigua Riera de Magòria


Por debajo de estos terrenos, los sondeos perforan arcillas rojas con arenas y gravas de pizarra, y limos amarillentos, propios del llano de Barcelona, de edad pleistocena (Cuaternario antiguo). Las primeras proceden de la erosión y transporte, mediante abanicos aluviales, de las pizarras de Collserola, mientras que los limos son en parte de origen eólico.
Perfil geológico  de Sant Antoni


Hacia los 30 m de profundidad, se perfora el substrato Mioceno, formado por arenas limpias, deltaicas y litorales, de coloraciones grises, amarillentas y anaranjadas. Son sedimentos equivalentes a los que configuran Montjuïc, si bien aquí apenas se encuentran las areniscas bien cementadas, que suministraron bloques pétreos para la construcción de la ciudad. En estos sedimentos, encontramos fauna fósil marina en los testigos de sondeo, especialmente turritellas, así como conchas de bivalvos diversos. Como es lógico, todas estas arenas están saturadas de agua, constituyendo un importante acuífero. Por su parte, las arcillas Cuaternarias superiores tampoco son impermeables.


Casi a 40 m de profundidad, los sondeos detectaron la presencia de una capa horizontal de arcilla margosa gris azulada, de sólo 2-3 m de espesor, pero gran continuidad lateral a escala del solar. Por debajo, otra vez arenas hasta los 60 m.

Arcillas gris azuladas miocenas, muy poco permeables


Estas arcillas profundas, son de gran utilidad en la obra prevista. En efecto, se han hecho ya con hidrofresa, unas pantallas continuas perimetrales, verticales, de hormigón armado de 1.0 m de espesor, y de 40 m de profundidad, que contendrán el terreno cuando se excave, y que cortan los posibles flujos laterales de agua subterránea, mientras que la capa de arcilla, que es bastante impermeable, sella el fondo del recinto, de manera que ahora puede bombearse el interior, sin que haya grandes aportaciones de agua por el fondo. Todo esto no eximió de la necesidad de un complejo estudio hidrogeológico, en el que se llegaron a hacer tres ensayos de bombeo, en tres pozos perforados expresamente. Se bombea un caudal controlado de agua en el pozo, y se observa el descenso que se provoca en el nivel freático, mediante piezómetros colocados a poca distancia de cada pozo.


A partir de estos datos pueden determinarse los parámetros hidrogeológicos de los acuíferos: permeabilidad, transmisividad, coeficiente de almacenamiento, etc, y luego se procede a establecer un modelo matemático que permite efectuar simulaciones 3D. También hace falta comprobar que con el bombeo del freático no se produce un sifonamiento del terreno, ni hay posibilidad de implosión del fondo de la excavación, por acuíferos confinados.


Por cierto, las mencionadas pantallas son termoactivas, es decir, que por su interior (16.000 m2) se ha instalado un circuito de tuberías por las que fluirá agua, que al descender a 40 m de profundidad adquirirá la temperatura siempre constante del terreno, con lo que en invierno se introduce agua fría, que luego se recupera algo más caliente, mientras que en verano el agua saldrá algo más fría que la introducida. Estas variaciones térmicas son aprovechadas por una bomba de calor, con lo que se conseguirá una eficiente climatización del edificio: calefacción y aire acondicionado, fruto del aprovechamiento geotérmico del subsuelo.


En Sant Antoni, para poder excavar los sótanos manteniendo el edificio antiguo encima, se han perforado en primer lugar una serie de pilotes de gran diámetro (1.25 m), que servirán como futura cimentación, pero que de entrada van a permitir apoyar sobre ellos, y sobre la pantalla perimetral, una losa de hormigón armado, de 1.0 m de espesor, que se solidarizará a nivel de planta baja con la cimentación y los pilares de la estructura antigua.


Una vez esto realizado, puede iniciarse la excavación de los sótanos. Los pozos en funcionamiento mantendrán el nivel freático deprimido, y el edificio original quedará reposando ahí arriba, sobre la losa.


Proceso de ejecución previsto en Sant Antoni


Este sistema de construcción descendente, permite que inmediatamente puedan acondicionarse las paradas del mercado, ya que mientras todavía se está excavando el subsuelo, ya se puede trabajar en la planta baja, acortando plazos, lo que sin duda agradecerán los paradistas y sus clientes, temporalmente ubicados en la Ronda.


Durante el proceso de excavación se va a llevar un control exhaustivo de que las obras no afectan al entorno. Dianas topográficas de precisión, extensómetros, inclinómetros y piezómetros, son los elementos principales de todo este proceso de auscultación.


Ya se conocía de antemano que bajo el mercado se ubicaba el antiguo baluarte de Sant Antoni. Las murallas medievales de la ciudad discurrían por la Ronda de Sant Antoni y de Sant Pau. 


 



























Los que habéis leído la recomendable novela histórica “Victus”, de Albert Sánchez Piñol, seguro que ya sois expertos en poliorcética, la ingeniería militar de asedio y defensa de recintos amurallados. Cuando en el siglo XVI se desarrollaron los sistemas artilleros de cañones de gran potencia, las altas murallas medievales, rectas y continuas, no ofrecían resistencia y eran abatidas fácilmente. Por eso frente a ellas se implantaron baluartes adosados, pentagonales y de murallas más bajas, protegidas en su frente por el tradicional foso, con su contraescarpa interior, y un glacis de tierra que descendía suavemente hacia el enemigo, de manera que el baluarte quedaba escondido de los tiros del adversario. Eso sí, los cañonazos iban directos al centro de la ciudad, pero esos daños colaterales no han sido nunca muy relevantes para los militares. Por otra parte, los baluartes permitían una defensa en tiro cruzado, que aumentaba las posibilidades de resistencia de la ciudad ante un asedio prolongado. (Jolines, por fin he puesto en práctica mis conocimientos militares de ingeniero zapador, como alférez de milicias que fuí).


Por cierto, que el baluarte de Sant Antoni no fue muy atacado durante el sitio de Barcelona de 1.714, ya que el Castillo de Montjuïc, en poder de la ciudad durante toda la guerra, lo protegía de los embates borbónicos.


Apenas iniciada la excavación en Sant Antoni, han aflorado todas estas estructuras. No sólo el esperado baluarte, con sus perfectos muros, sino también la contraescarpa, así como una vivienda anterior al baluarte, y una espectacular calzada, ya que por el portal de Sant Antoni, partía el antiguo camino que a través del turó de Creu Coberta (cerca  de Plaça Espanya), se dirigía hacia la Península.

 
Esquina del Baluarte de Sant Antoni
 
Antigua calzada descubierta en Sant Antoni

El portal era utilizado a menudo para ajusticiar a parte de la ciudadanía, delincuentes muchas veces, pero simples disidentes en otras ocasiones, por no hablar de la brujería. Otros eran conducidos al coll dels Inforcats, junto al turó de la Vinyeta, colina de arenas pliocénicas ahora desaparecida bajo el complejo de Las Arenas, donde eran colgados con una soga al cuello.

Reality Show en el Turó dels Inforcats. Alguna cadena actual lo retransmitiría en directo.


Claro que ninguno de ellos sufrió una muerte tan atroz como Josep Moragues, General de batalla que luchó contra las tropas de Felipe V durante la guerra de sucesión, y que una vez caída Barcelona en 1.714 fue traicionado, detenido, y condenado a tres penas de muerte (que ya son ganas), por lo que primero fue arrastrado por un caballo por la ciudad, en un macabro paseo. Luego fue degollado, decapitado y descuartizado. Para rematar el tema –valga la redundancia-, su cabeza fue introducida en una jaula, y expuesta sobre el Portal de Mar, durante 12 años, hasta que su viuda logró que se retirase.

Josep Moragues, todavía con la cabeza en su sitio


Pasados 300 años de aquellos hechos, está bien que el proyecto de Sant Antoni prevea conservar parte de las antiguas murallas, y hacerlas visitables, aún a costa de perder plazas de aparcamiento. 

Los ciudadanos debemos entender que bajo nuestros pies existen las huellas de nuestros antecesores, sus éxitos y fracasos, incluso su sangre, también la de sus adversarios, y que es obligado preservar esta memoria, que forma parte de un patrimonio individual y global, que nos identifica como pueblo. Por cierto, ya habéis visitado el Born?


Así que espero que de aquí poco podáis ir a hacer vuestras compras al remodelado mercado. Aparcad en el sótano y visitad las antiguas murallas del baluarte. Después subid y comprad, que todo será de gran calidad, quizás conejo, que tengo entendido que estofado es muy sabroso. Por favor, éste día no me invitéis.


KARAKORUM, 1.993

 Si hay una cordillera que reúna todos los requisitos de belleza y espectacularidad, ésta es el Karakorum.

Allá que nos fuímos, mi mujer y yo solos, poco antes de que estas zonas del norte de Pakistán se convirtieran en un lugar todavía más peligroso de lo que ya era entonces. Bueno, sólos del todo no. Contratamos en Skardu, en el precioso valle del Indus a un guía, porteadores, cocinero, e incluso al primo del guía, que no hacía absolutamente nada, pero tocaba muy bien la flauta. También compramos una cabra, a la que apodamos Blacky, pues era negra, y a la que tras días de andar, cojimos un cierto cariño, justo antes de que nos la comiéramos.

Baltoro Glacier, con las catedrales del Trango al fondo

Llegando a Concordia, con el Gasherbrum IV al frente

El K2 desde el campamento de Concordia


Remontamos el glaciar de Baltoro, y llegamos a Concordia, lugar en el que confluyen varios glaciares, y desde el que se contemplan varios picos de más de 8.000 m, presididos por el majestuoso K2 (8.611 m), al que nos aproximamos en uno de esos días en que la montaña está espléndida.

Bajo el K2
Después del K2 nos dirijimos al norte para conocer el valle de Hunza, y por el Khunjerab Pass, a más de 5.000 m de altura, entramos en China, finalizando nuestro largo viaje en Beijing, donde nos vestimos adecuadamente para la ocasión.